Por Ramón Lacourt
¿Alguna vez tuviste una gran idea para emprender, y al buscar información terminaste con cuarenta pestañas abiertas, tres cursos guardados «todo eso para después» y ningún avance? Buscas en internet qué pasos dar para iniciar tu proyecto, y de pronto estás inundado de tanta información que ya no sabes qué decisión tomar, por dónde empezar ni qué nicho te conviene.
¿Qué es la infoxicación?
Infoxicación es una palabra une dos términos: información e intoxicación. Y describe un exceso de información tan grande que no logramos procesarla, y que en lugar de ayudarnos a decidir, nos termina bloqueando. Este fenómeno no es nuevo, en 1970 el escritor estadounidense Alvin Toffler ya advertía sobre la sobrecarga de información en su libro “El shock del futuro” y en 1971, el economista Herbert Simon, Premio Nobel de Economía, observó que una abundancia de información crea escasez de atención.
Hoy encontrar información es más fácil y rápido que nunca, y eso es algo positivo. El problema aparece cuando consumir tanta información reemplaza ir a la acción. Entonces, sin darnos cuenta, este exceso puede afectar nuestra salud mental, porque genera estrés y cansancio; afecta además nuestro pensamiento crítico, porque cuesta distinguir que fuentes son confiables; afecta nuestra toma de decisiones, porque se vuelve más lenta; y nuestra productividad, porque dedicamos más tiempo a buscar información que a ejecutar nuestras ideas.
La indecisión
Entre tanta información y tantas tendencias, aparece la indecisión. Cada experto dice algo distinto, cada nicho parece prometedor y cada fuente añade una variable más. El resultado es la parálisis por análisis.
Un ejemplo es el experimento de las mermeladas, de los psicólogos Sheena Iyengar y Mark Lepper. Cuando los clientes de un supermercado veían 24 sabores, se detenían más a mirar, pero compraban mucho menos que quienes veían solo 6 sabores. Estudios posteriores muestran que no siempre este fenómeno se repite, pero la idea central sigue siendo útil: más opciones no siempre nos ayudan a decidir.
Y hay algo más: no decidir también es una decisión, y tiene un costo. Cada semana que no avanzas es una semana en la que no aprendes nada significativo. Para que esto cambie, a partir de ahora ten presentes estas cinco claves.
La solución
- Empieza pequeño. La mejor manera de evitar que esto te suceda, aunque suene a cliché, es comenzar. No necesitas el proyecto completo: basta una versión mínima, una prueba piloto o una primera conversación con un potencial cliente. Es la lógica del método Lean Startup, de Eric Ries que se basa en: construir, medir y aprender en ciclos cortos.
- Define la pregunta antes de buscar. No busques ¿cómo emprender? Busca respuestas a una duda concreta: por ejemplo: ¿cómo compruebo si alguien pagaría por esto?. Ya que una pregunta precisa, filtra el ruido innecesario.
- Ponle límites a la búsqueda. Fija un tiempo máximo, por ejemplo, 60 a 90 minutos, y elige de tres a cinco fuentes confiables. Cuando se agote el tiempo, pasa a la acción.
- Decide con lo suficiente, no con lo perfecto. Herbert Simon llamó satisficing a elegir una opción que cumpla tus criterios, en lugar de buscar la mejor posible. Jeff Bezos propone decidir con cerca del 70 % de la información que desearías tener, sobre todo en decisiones reversibles, que son la mayoría de las decisiones que tomarías al emprender.
- Aprende justo a tiempo, no por si acaso. Aprende lo que necesitas para dar el siguiente paso. Este hábito de hacer, aprender, hacer, aprender te muestra cuáles son las competencias que aún no dominas. Y cuando las identificas, estudiar tiene sentido, porque ya sabes para qué lo necesitas.
¿Cual es el primer paso que puedes dar hoy?
A medida que estableces tu emprendimiento y lo haces crecer, él mismo te irá mostrando qué necesitas aprender. Esto reduce la infoxicación y también la famosa parálisis por análisis, ese bloqueo que te impide decidir aunque tengas información de sobra.

